El fútbol alemán ha sido noticia este fin de semana por un tema poco amable. Junto a la exhibición de Marco Reus o el asalto del Allianz Arena por parte del Borussia Dortmund, encontramos una noticia triste: el Mainz-Colonia tuvo que ser suspendido tras encontrar al árbitro Rafati con las venas cortadas en la habitación del hotel en el que se encontraba alojado, en lo que fue un claro intento de suicidio. Por suerte, el colegiado salvó la vida, pero los interrogantes continúan y las causas de este incidente siguen en el aire.
Podríamos archivar en este punto este hecho, pero otros sucesos que recientemente sucedieron en la Bundesliga obligan a hacer una pausa y pararnos a reflexionar. Hace un mes, el brasileño Breno fue noticia (y objeto de burla, también) por incendiar su casa intencionadamente e ingresar en cárcel por este hecho. El futbolista del Bayern de Munich se encontraba en un estado de depresión y apenas tenía contacto con sus compañeros. Las lesiones han marcado su carrera desde que, con 18 años, llegó desde el Fluminense brasileño. Ni él ni su mujer hablan con fluidez alemán, lo cual, unido a su inactividad casi constante, acabó por afectarle psicológicamente.
Por otro lado, el 22 de septiembre el entrenador del Schalke 04, Ralf Rangnick, dimitió tras seis meses al frente del equipo más español de la Bundesliga. Alegó sentirse cansado mentalmente ante la presión y exigencia constantes en el fútbol actual, donde prima lo inmediato, y puso fin de forma temporal a sus 16 años de carrera en los banquillos.
Quien sí puso fin de forma definitiva a su vida fue el portero Robert Enke, que se suicidó en 2010, antiguo jugador del Barcelona y que por entonces era integrante de la plantilla del Hannover 96. Un hecho que consternó a toda la familia futoblística por un suceso tan poco habitual como agradable.
Esta serie de hechos que han tenido lugar recientemente en la Bundesliga dan que pensar. El fútbol profesional no es simplemente un juego. Las victorias o las derrotas cuentan, sobre todo en el aspecto económico. La presión a la que son sometidos los futbolistas y entrenadores puede pasar factura a aquellos cuya fortaleza mental sea débil, como hemos visto.
A esto hay que sumar las circunstancias personales de todos aquellos que toman parte (desde árbitros a jugadores), porque ellos no son de piedra. Son humanos, al fin y al cabo, y como humanos, no se libran de los problemas.
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