Hubo un momento, sin embargo, en el que tuve una experiencia directa artística, que aún recuerdo. En una sala se exhibía 'Body Milk', la obra de Alexandros Psychoulis, algo que a primera vista no parecía más que un follón de hilos de color rosa. Cuando la audio-guía me explicó el significado de esta obra (que no desvelaré aquí), de repente toda mi percepción sobre aquellos hilos rosas cambió por completo. Fue en ese instante cuando pensé: 'Esto es Arte'.
Algo así me sucedió en el Clásico con el papel de Sergio Busquets. He oído maravillas de él, elogios por doquier. Pero a mí nunca me había llamado la atención, no sé si es porque no tengo tanto conocimiento futbolístico, poca visión, o mero despiste. Pero fue en el partido del Bernabéu cuando, por fin, encontré ese instante en el que comprendí a Busquets, su función en el Barcelona, y por qué genera tantos comentarios positivos. Es un héroe en la sombra.
Una vez oí la siguiente frase:
El 99% de las canciones suenan mal sin un bajo, pero sólo el 99% de las personas percibe su sonido.
Busquets es el bajista del Barcelona. Es John Entwistle en The Who o Cliff Williams en AC/DC. Fuste necesario para el sistema de Guardiola. Un tipo que no destaca como Messi, Iniesta o Villa. Escudero del 8 y el 6 azulgranas, Sergio se encarga de facilitar la labor en la creación del juego en apenas un toque. Una recepción, un control, y el balón sale de sus pies hasta nueva orden. Sube o baja si es necesario, pero su hábitat se sitúa en el centro del campo. Juega fácil. Lo hace fácil. Cierto es que está en un equipo propicio para su juego. Pero Busquets es un jugador diferente. Un futbolista especial. Y, por fin, después de mucho tiempo, le he descubierto.
