Hoy es un día triste para el fútbol. Pep Guardiola anuncia su salida del FC Barcelona en lo que supone el final de una era. Sí, el Barça ganará títulos en el futuro y las diferencias -al menos a priori- serán pocas en el juego. Pero ya no lo hará sin su mayor exponente, sin el ideólogo de esta forma de vivir el fútbol, de ser el fútbol.
¿Cobardía? Creo que eso es faltar a la verdad. La marcha de Pep no debe sino hacernos recordar y valorar lo que se ha conseguido en la entidad de las rayas azules y granas. Guardiola degustó un concepto cocinado por Johann Cruyff, y lo entendió hasta tal punto que lo deconstruyó a su manera. Un concepto único, una revolución en el mundo del balompié, que ha traído consigo éxitos incluso a la selección española, impregnada de la columna vertebral de futbolistas y gran parte de su esquema de juego.
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Considero un error que el madridismo celebre la marcha de Guardiola. Pep suponía -supone- la antítesis perfecta a las ideas de José Mourinho. Ni mejor ni peor, simple y exactamente lo opuesto. El duelo en el césped de Cristiano Ronaldo y Messi no era sino una extensión del duelo entre Mou y Pep en los banquillos. Y ahora, con la marcha del de Santpedor, el madridismo ha perdido a su máximo enemigo, al rival a batir. Imaginemos un Coyote sin Correcaminos, un Tom sin Jerry, o un Batman sin Joker.
Y es que hoy, aunque no lo parezca, también se ha ido una pequeña parte del Real Madrid.
-Pero yo sé la verdad. Lo has cambiado todo... para siempre.
-Entonces, ¿por qué quieres matarme?
-Yo no quiero matarte, ¿qué haría yo sin ti? Tú me completas.



